Sandra Columbia Hurtado AbrilMi día era muy triste y siendo una adolescente muy fea con mi cabello corto, piernas flacas y teniendo como pareja un novio con mucho menos autoestima que yo, que gastaba su vida haciendo menos la mía, lo único que podía hacer era dejar pasar mi día lo más rápido que pudiera.
Ir a la escuela, salir, ir a trabajar, salir, hacer la tarea, salir, y de nuevo ir a la escuela.
Caminaba agachando mi cabeza tratando de esconder mi fealdad y aquellas otras cosas que no querían que vieran, haciendo creer a la gente que algo muy inteligente pensaba yo.
Ese día oscuro comencé mi rutina, cepillé mi cabello, me puse los pantalones más aguados que pude encontrar y me fui a trabajar.
Para mi desgracia tuve que abordar unos de esas transportes que dicen estar dando un servicio, y como era de esperarse, apenas pude lograr subir sin ser aventada de nuevo hacia fuera, teniendo que sujetarme de un tubo que me hacia quedar tan pegada a un señor corriendo el riesgo de que éste tratara de agarrarse de mí.
Todo transcurría a la normalidad, el día estaba horrible y el camión trataba en cada parada de tirarnos todos al piso y aunque no me daba mucho cuenta de todo, porque yo seguía con mi ritual de agachar la cabeza y pensar qué tan espantosa estaba yo y mi existencia, comencé a escuchar a un niño gritar que me hizo alzar mi cabeza y voltear hacia él dándome cuenta que este niño zangoloteaba a su compañero de lado tratando de hacerlo mover de su asiento haciendo al mismo tiempo señales hacia mí haciendo muecas que parecían pequeñitos tiernos besos , yo sólo lo miraba y agachaba mi cabeza de nuevo dejando ver sin pensar chiquillas sonrisas que creía ya no tener, mientras él seguía empeñado en hacerme sonreír su compañero de asiento atarantado de tanto movimiento, me dijo:
Muccccchhhaccccchhhha (lo escribo como se escucha solamente no crean que es una payasada mía) dice él que si te quieres sentar aquí, me quiere quitar para que te sientes.
Y al mismo tiempo el niño me hacia caras coquetas como si pretendiera caracterizar la propuesta indecorosa que creía estarme haciendo, y luchando contra mi gran y empeñado mal humor le sonreí correspondiendo a su declaración, pero en ese momento tuve que pedir mi parada y desairando a mi admirador tuve que bajarme del camión tan rápido como te lo pide el tan amable y gran conductor, pero mientras lo hacia él me seguía con la mirada haciendo que un rayito corriera por mi cuerpo.
Tuve que irme y de lejos cuando el camión se alejaba volteé de nuevo para verlo con su carita de ángel decirme ¡Qué hermosa eres!
Saben el también era muy hermoso, era un tierno y amoroso niño Down.
Hace poco tiempo se comenzó a decirles a las personas que son diferentes a nosotros personas con capacidades especiales, muchos pensarán llamarles así para que ellos no se sientan mal o porque se escucha bonito, yo creo que este termino va más allá de ser solo un concepto adornado y que en verdad se merecen llamarlos así ya que realmente logran crear habilidades que nosotros “los que tenemos todo” nunca llegaremos a desarrollar como ellos.
Un ejemplo son los niños Down quienes a mi experiencia desarrollan una capacidad de amor y de asombro ante todas las cosas que los rodean mucho más grande que cualquiera, haciendo más importantes su habilidad de transmitir y demostrar su amor.
Como este ejemplo podemos mencionar muchos otros como aquel respetable joven que como él dice “solamente clínicamente y para los ojos de la medicina no puede ver”, ha logrado desarrollar un autoestima tan grande que tiene la capacidad de enseñarla a los demás comunicándoles a los jóvenes, a las personas que se encuentran igual que él, a los adultos mayores y a todos nosotros por qué y como es que debemos querernos a nosotros mismos.
Es por esto y por muchas otras personas que nos han demostrado que, a pesar de no encajar dentro de los criterios de normalidad que ha fijado una sociedad, pueden hacer y lograr cosas fuera de la normalidad que nos envuelve a todos los demás.
Comencemos entonces a valorar sus habilidades especiales como un don y respetarlos por eso y comiencen ustedes a valorar sus “limitaciones” como un don que pueden explotar para su logro personal, ya que existen muchas personas que en verdad creen en lo que pueden llegar a crear y lograr con sus capacidades únicas.